
Fue en 1605 cuando Shakespeare escribió esta genial obra. He de confesar que es la primera vez que leo completa una obra de él, y como segunda confesión escribiré que va a ser difícil que otras me lleguen tanto como esta.
De pequeña lo leí adaptada para niños en forma de cuento. Pero esa, francamente, era otra historia...
Sí, es un drama histórico, pero lo que Shakesperare pone de manifiesto es no ya la desunión de un reino, sino como prinicipio de éste, la ruptura de una familia a causa de la codicia del mismo.
El Rey Lear quiere que sus tres hijas hereden en vida su reino, y basa su herencia en el amor que cada una siente por él. Para cerciorarse, el pobre Rey preguna a cada una de ellas cuánto le quieren.
Por supuesto las dos mayores le quieren tanto como la tercera parte del Reino que van a recibir a cambio.
Pero la tercera hija, ¡ay!, se atreve a ser sincera, y no exagera en sus palabras pese a lo cual le expresa su amor y cariñol con ternura y humildad.
No pareciéndole suficiente al Rey, deshereda a Cordelia, su hija más joven, quien le ha ofendido, y la la destierra sin importarle nada más.
Desde aquí el Rey pierde su poder y se convierte en miriñaque de sus hijas. Su compañía más cercana es el bufón de la Corte, y se pasa el tiempo yendo de mitad a mitad del que fuera su Reino casi suplicando pasar la noche.
Sus queridas hijas se lo niegan todo, y el Rey, consciente de la locura, enferma y enloquece ante tanta crueldad, pasando a ser vagabundo.
El Reino está en manos de nadie, puesto que todos quieren tener pero nadie piensa más que en sí mismo y no en una finalidad, ni en los demás, ni en el pueblo.
Es Cordelia, por supuesto, quien recoge a su padre curándole en la choza donde vive. Pero por un inesperado juego de traiciones el final es triste y extraño.
No hay que añadir moralejas ni comentarios, pues la trama de Shakespeare es bastante clara. Su maestría al enlazar los diálogos y entramarlos llegando al desenlace es solo para mí una constatación de crítica literaria, pues hasta el último comentario no sé hacia dónde me lleva, y eso me encanta.
El tema sigue siendo, a través de los siglos, de una actualidad extraordinaria, ¿qué familia no tiene problemas? ¿Qué Gobierno no ansía el poder o qué partido no quiere gobernar?
Cordelia me enamora, tan elegante al mostrarse tan entera, tan serena y consecuente, cuya coherencia acepta con una calma que impresiona.
Shakespeare nos dejó unas obras con interesantísimos planteamientos, he ahí su genialidad, además de su agilidad con la pluma, pero es que además sus personajes los llevamos dentro de nosotros.
Gracias, Alex, por compartir esta lectura conmigo. Ha sido un placer, como siempre.
De pequeña lo leí adaptada para niños en forma de cuento. Pero esa, francamente, era otra historia...
Sí, es un drama histórico, pero lo que Shakesperare pone de manifiesto es no ya la desunión de un reino, sino como prinicipio de éste, la ruptura de una familia a causa de la codicia del mismo.
El Rey Lear quiere que sus tres hijas hereden en vida su reino, y basa su herencia en el amor que cada una siente por él. Para cerciorarse, el pobre Rey preguna a cada una de ellas cuánto le quieren.
Por supuesto las dos mayores le quieren tanto como la tercera parte del Reino que van a recibir a cambio.
Pero la tercera hija, ¡ay!, se atreve a ser sincera, y no exagera en sus palabras pese a lo cual le expresa su amor y cariñol con ternura y humildad.
No pareciéndole suficiente al Rey, deshereda a Cordelia, su hija más joven, quien le ha ofendido, y la la destierra sin importarle nada más.
Desde aquí el Rey pierde su poder y se convierte en miriñaque de sus hijas. Su compañía más cercana es el bufón de la Corte, y se pasa el tiempo yendo de mitad a mitad del que fuera su Reino casi suplicando pasar la noche.
Sus queridas hijas se lo niegan todo, y el Rey, consciente de la locura, enferma y enloquece ante tanta crueldad, pasando a ser vagabundo.
El Reino está en manos de nadie, puesto que todos quieren tener pero nadie piensa más que en sí mismo y no en una finalidad, ni en los demás, ni en el pueblo.
Es Cordelia, por supuesto, quien recoge a su padre curándole en la choza donde vive. Pero por un inesperado juego de traiciones el final es triste y extraño.
No hay que añadir moralejas ni comentarios, pues la trama de Shakespeare es bastante clara. Su maestría al enlazar los diálogos y entramarlos llegando al desenlace es solo para mí una constatación de crítica literaria, pues hasta el último comentario no sé hacia dónde me lleva, y eso me encanta.
El tema sigue siendo, a través de los siglos, de una actualidad extraordinaria, ¿qué familia no tiene problemas? ¿Qué Gobierno no ansía el poder o qué partido no quiere gobernar?
Cordelia me enamora, tan elegante al mostrarse tan entera, tan serena y consecuente, cuya coherencia acepta con una calma que impresiona.
Shakespeare nos dejó unas obras con interesantísimos planteamientos, he ahí su genialidad, además de su agilidad con la pluma, pero es que además sus personajes los llevamos dentro de nosotros.
Gracias, Alex, por compartir esta lectura conmigo. Ha sido un placer, como siempre.

